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El umbral del silencio
Luis Aguilar Monsalve

Cuento
Primera Edición, 1999
96 págs.

Sobre el libro, Alicia Yánez Cossío ha dicho lo siguiente:

" Luis Aguilar Monsalve,... nos entrega 15 cuentos muy bien logrados, extraños a nuestro medio, sorprendentes por el alejamiento de cualquier influencia con la actual corriente literaria latinoamericana, con un acercamiento a Borges y Cortázar, y una innegable influencia de la literatura inglesa y norteamericana. La temática de estos singulares cuentos, El umbral del silencio, estriba en la renovación del tiempo... los personajes son enigmáticos, fluctúan entre el presente y el pasado, son dueños de una indiscutible presencia y de un peso vital que imprime el logro de personajes universales. Hay cuentos que impresionan por su profundo simbolismo, los protagonistas no son los prisioneros de una cárcel, sino la humanidad encerrada en un espacio y en un tiempo circulares, o es el simbolismo en la ambigüedad de la vida del hombre analítico que ve su nuevo nacimiento. El tema de la soledad absoluta, sin diálogo ni comunicación crea personajes melancólicos, sumergidos en el ostracismo... Algunos... se debaten entre la realidad y la vigilia sin más salida que el acoso de la muerte... Está presente la tremenda ironía del hombre que presencia el final de la vida anhelada... Y hay un atisbo de humor... que recuerda las mejores páginas de Dickens. No faltan los finales sorpresivos que caracterizan a los cuentos de estructura perfecta y los que dejan el sabor de la sugerencia.

Renán Flores Jaramillo ha dicho lo siguiente:

" En su obra Idea sobre la novela afirma Ortega partiendo de la novela moderna, que "La esencia de lo novelesco no está en lo que pasa sino precisamente en lo que no es "pasar algo", en el propio vivir, en el ser y estar de los personajes, sobretodo en su conjunto o ambiente". Esta reflexión me viene a la mente al terminar la lectura de El umbral del silencio que es la última obra de nuestro escritor Luis Antonio Aguilar Monsalve. Y es que en el acontecer de este libro, por encima de los secundarios, el lector queda impregnado, sobre todo de un ambiente, de una atmósfera social que no dejan de ser perturbadores. Se trata de un libro orgánico, no de una recopilación. Leído de corrido, cada cuento se complementa y enriquece con los otros y, al final, el lector tiene la visión de una sociedad compacta a la que ha explorado en sus recovecos sociales, en la psicología de sus gentes, en sus ritos, prejuicios, entusiasmos, amores, discordias y hasta en sus fondos impúdicos.

 

Creo que se ha dicho que vuelvo
Luis Aguilar Monsalve

Cuento
Primera Edición, 2003
78 págs.

Lo que asombra y gratifica en la obra de Luis Aguilar Monsalve, es ese voto desenfadado por la imaginación. Cada uno de sus cuentos lo prueba bien. Quizá la imaginación, su claro ejercicio, es el leitmotiv que los unifica.
Los procedimientos a los que ella acude para manifestarse son varios: bruscos saltos temporales que consolidan lo narrado de una sorpresiva manera; resoluciones poéticas, juegos de cajas chinas o de espejos enfrentados que a veces, de modo infidente, juntan al autor con sus personajes.

En Creo que se ha dicho que vuelvo, Aguilar Monsalve, a través de un personaje-narrador, nos ha empujado livianamente a sus universos creativos, como en su otro libro: el umbral del silencio. Universos que, en los textos del autor resaltan siempre esa dualidad, nunca delimitada entre la imposición o el reclamo o interior de la vivencia y el desafío de la realidad que, sin dejar de serla, no deja de ser “sospechada”, puesto que lo “real” también es huidizo e impreciso.

El autor no se resigna: reclama el derecho de que “al borde del sueño”, ese pasado, que puede ser viejo o de años acumulados, o el pasado de este momento que se fue, tal vez el del día de ayer, el de la noche cálida de la semana pasada, tenga asidero en el “tranquilo presente”, en el permanente presente de la creación literaria con su aureola de perennidad y de vida suspendida e inacabada. Porque el hombre sólo tiene pasado y futuro. Únicamente la literatura es un presente eterno.

En una u otra forma, los temas, los personajes y los argumentos de Luis Aguilar Monsalve reflejan y reproducen esa dicotomía que, al resolverse a través de cada texto, crean pequeños-grandes mundos, grandes y pequeños instantes, pedazos o trozos de vidas –nunca podrá saberse– propias, ajenas o prestadas.