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Cotopaxi y otros cuentos
Ramiro Bascompte

Cuento
Primera Edición, 1998
76 págs.

Narrador tradicional, balzaciano, ajeno, al parecer por principio, a juegos narrativos y alardes técnicos. Ramiro Bascompte apenas si maneja, y muy económicamente, viejos artificios, eficaces para sostener el interés, como el montaje alterno de acciones (tan apropiado para el cuento “Ángulos opuestos”) o el yisteron-próteron-ruptura de la estricta secuencia temporal, que echa por delante algo posterior a lo que a contar.

Un narrador así –casi huelga decirlo– cuenta. Sus cuentos por encima de todo cuentan. Van llevando hacia su final una peripecia redonda, sin regodearse en meandro alguno –ni psicológico, ni descriptivo, ni intelectual–. Entonces, la calidad que más acuciosamente se cultiva es la composición de la trama. Y, al ser lo más sólido de estos cuentos esa elaboración argumental, el lector se siente tentado a pensar en guiones literarios para cine o televisión. El lenguaje verbal –pulcro, fácil, propio– es tan poco elaborado narrativamente que su traspaso a un lenguaje visual se ofrece fácil y prometedor. No hay que olvidar que Bascompte es hombre de teatro.

Y es periodista. De este otro quehacer suyo estos relatos toman interés casi periodístico, ritmo narrativo ágil, sobriedad en su realización idiomática. Periodismo aterrador –por lo que tiene de premonitorio– es el cuento que presenta la tierra destruida por una cadena de explosiones atómicas (iniciadas por un absurdo azar) y al profesor Dunce deslumbrando con su más notable descubrimiento… humus. Tierra.

Pero hay mucho más, por supuesto, que en cualquier periodismo: la ficción le permite a este catalán-ecuatoriano de corazón noble y fina sensibilidad enfrentar a su lector con tragedias presididas por el absurdo; con soledades, esperanzas y desesperanzas; con esos juegos entre festivos y macabros con que la existencia se complace en entretejer destinos.